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" Padre e hijo: Un vínculo irrompible"

Quisiera comenzar con una frase muy conocida para nosotros “…nadie conoce al Padre sino a través del Hijo” (Mt. 11,25-27), por eso Dios envió a su Hijo para que lo conociéramos. Así mismo Dios, con su misericordia y sabiduría, nos da un regalo que son nuestros hijos para que podamos trascender.
Jesús, al pasar por este mundo, contó con un padre terrenal, San José, quien es la criatura más virtuosa después de Santa María. Fue un hombre valiente, con alma pura, próvido, trabajador (a tal punto que a Jesús lo conocían como el hijo del carpintero). No se sentía superior siendo de sangre real, dedicaba sus manos a la labor diaria y protegió a Jesús mientras crecía.
Estos párrafos anteriores me permiten contemplar las características e importancia del padre en un hogar. Es el ser que tutela las relaciones entre los miembros de la familia, permitiendo y dando paso a la formación de la identidad personal, en un ambiente idóneo para ser acogidos y aceptados por lo que son, con la única finalidad de buscar su crecimiento y santidad.
Los padres tenemos el deber de formar a nuestros hijos en libertad, fomentando en ellos virtudes importantes como las que enuncio a continuación, entre otras muchas:
- Prudencia: Saber lo que se debe hacer en cada momento.
- Templanza: Moderar los impulsos.
- Justicia: Dar lo que corresponde.
- Fortaleza: Fuerza de ánimo para cometer acciones importantes y tener la valentía para superar dificultades.
Como padres vamos a cometer errores a pesar del esfuerzo y amor desinteresado por nuestros hijos. No nos desanimemos y tengamos fe, esperanza y caridad, volviendo a empezar nuevamente, con la ilusión de soñar para nuestros hijos un mundo mejor, en función de su actitud de servicio.
Recordemos la parábola del hijo pródigo (Lc. 15,11-32), en ésta se observa que el Padre, lleno de paciencia, salía todos los días a esperar a su hijo que no regresaba y que cuando lo ve no espera en su casa sino que sale al encuentro y preparara un banquete, es decir vuelve a empezar sin tristeza ni dramas, pues acababa de recuperar a su hijo y no podía hacer otra cosa sino celebrar este acontecimiento importante, brindándole una nueva oportunidad y permitiéndole recuperar la fuerza de ánimo para acometer acciones importantes y superar dificultades.
Para finalizar quisiera mencionar dos reflexiones que pueden fundamentar a esta hermosa relación: padre-hijo.
- No dejemos a nuestros hijos huérfanos, ellos necesitan AMOR. Este amor se teje a través del tiempo compartido, de la convivencia y la fortaleza para acoger e impulsar sus vidas una y otra vez.
- No están solos en esta noble labor, tienen junto a ustedes a la persona idónea, su esposa, amiga incondicional que está dispuesta a buscar conjuntamente estrategias para salir adelante.
Tengamos presente que es preciso agotar todo esfuerzo para llevar a cabo la misión que nos ha sido dada: acompañar y formar a nuestros hijos, confiando a su vez en quien puede cubrir nuestras deficiencias y hacer de nuestros hijos lo que soñamos.
Autor:Hugo Castro