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La fecundidad del amor conyugal

Publicado por: 
ilfameditor

"El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal «no se agota dentro de la pareja [...] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre» (Amoris Laetitia 165).

“El amor siempre da vida”, es por esto que casarse y empezar una nueva familia es un momento dichoso y lleno de esperanza.

El capítulo quinto de Amoris Laetitia tiene una especial dedicación por la fecundidad del amor, que sienta sus bases en la unidad del hombre y la mujer para toda la vida y en la fecundidad de ese amor que es un acto único del Creador en colaboración con los padres.

El amor de los esposos es un amor plenamente humano, con sentimientos, y a la vez espiritual; un amor fiel y exclusivo que conduce a la santidad y además, un amor fecundo, que no se agota en la pareja, sino que está destinado a trascender, originando nuevas vidas.

Ese profundo anhelo del ser humano, por amar y ser amado, hace que los esposos se unan en comunión íntima, donde se dan el uno al otro, más allá de sí mismos, lo que los torna fecundos para ellos y para los demás. Una realidad duradera, donde un hombre y una mujer desean pertenecerse completamente y para toda la vida, donde la sexualidad humana adquiere un verdadero significado y trascendencia, donde la expresión “una sola carne” expresa el sentido pleno del amor.

El Padre Celestial cree en nosotros y es por eso que nos elige como padres, confiándonos el don de la vida. Esto significa para los que tenemos vocación al matrimonio, confiarle al Creador nuestra relación conyugal y los hijos que vengan de ella. Teniendo presente, al mismo tiempo, que la maternidad y paternidad no son “exclusivamente biológicas, sino que se expresan de diversas maneras” (A.L. 178), verificándose e incrementándose de igual forma esta amistad y comunión de vida, aunque los hijos deseados no hubieran llegado.

El plan de Dios en la vida y el amor conyugal, es fuente de dicha plena, en la entrega de los esposos el uno al otro, y para toda la vida.

Reflexionemos:

Autora:

Zoila Isabel Loyola Román - Docente investigadora - Sec. Deptal. Filosofia y Teologia

ziloyola@utpl.edu.ec