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LA TERNURA, CLAVE PARA EDUCAR

Publicado por: 
ilfameditor

 

La familia es el espacio afectivo por excelencia y la escuela también debería serlo. Este afecto u amor encuentran su más bella expresión en la ternura, un vínculo que acompaña a un sentimiento verdadero y se muestra en lo auténtico, en el respeto, en la expresión serena y firme.

La ternura no olvida jamás el reconocimiento del otro, sus necesidades y su ritmo; de este modo se hace cercana y con ello se crea un sentimiento de compañía. Es ajena a las prisas porque lleva el ritmo lento y sereno del detalle, de la mirada cómplice, de la consideración hacia el otro. Si no existen estos gestos propios de la ternura, educar se convierte en algo difícil pues cualquier conflicto de la vida cotidiana puede acabar en una confrontación o en un enfrentamiento.

La ternura es memoria de la motivación, es el recuerdo que da sentido a la vida y ayuda a proponerte cada mañana algo nuevo en medio de la rutina de cada día. La ternura convoca a la gratitud, al reencuentro, al perdón, es la verdadera resiliencia frente a cualquier tormenta o adversidad. Es antídoto de la rigidez y de cualquier forma de intransigencia. Nos enseña que educar es comunicarse, abrir puentes de diálogo, escucha y ganas de entenderse. No puede haber comunicación sin calidad. La ternura expresa la calidad de la relación.

Edgar Morin señala la misión de la educación como enseñar a las personas a que se comprendan, ésta es la verdadera solidaridad tanto en el ámbito intelectual como el moral. La inteligencia emocional que aúna razón y emoción tiene una expresión: la ternura. Sin ternura poco se puede educar, se trasmitirán contenidos, pero no hay formación, no cala la educación.

La ternura, además, la vive quien es fuerte y se siente seguro en lo que enseña. Sólo la vive el verdadero maestro. La ternura sólo se muestra si se ama de verdad. Quien es inseguro o cobarde no puede y no sabe mostrar ni amor, ni ternura. Se pertrecha en sus debilidades o en sus propias limitaciones y se hace incapaz para amar, se inutiliza para mostrar ternura.

La ternura es propia de personas firmes, que hallan en sus convicciones y modelos de vida su fortaleza. Cristo dice: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón”. La ternura va unida a la humildad, pues no alardea, no es ostentosa. Se manifiesta en signos de cercanía, sencillos, aunque elocuentes: la escucha, el gesto amable, el interés y la entrega, sin pedir nada.

Horward Gardner destaca la bondad mientras parafrasea a Kant animando que el “Atrévete a pensar por ti mismo” podría traducirse hoy por: “Atrévete a ser bueno”. Perseguir el bien y vivirlo afianza cualquier relación humana, educa siempre, porque ser educado es ser amable, construir un mundo mejor en el que se vive la bondad.  El éxtasis, afirma Fernando Rielo, es firme y está cargado de ternura.

Juana Sánchez-Gey Venegas

Universidad Autónoma de Madrid