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VITAMINAS PARA LA FAMILIA, DESDE “AMORIS LAETITIA” – EL AMOR LO DISCULPA TODO

Publicado por: 
ilfcomd

VITAMINA 2: EL AMOR LO DISCULPA TODO

Y continuando con la lectura de “Amoris Laetitia - La alegría del amor”, en el capítulo cuarto, el Papa Francisco manifiesta que “la gracia del sacramento del matrimonio está destinada ante todo a perfeccionar el amor de los cónyuges” y la mejor forma de hacerlo, es perdonando…

Disculpa todo

(111) El elenco se completa con cuatro expresiones que hablan de una totalidad: «todo». Disculpa todo, cree todo, espera todo, soporta todo. De este modo, se remarca con fuerza el dinamismo contracultural del amor, capaz de hacerle frente a cualquier cosa que pueda amenazarlo.

Quienes hemos sido llamados a esta vocación, sabemos que el matrimonio es la más hermosa y noble institución natural, elevada a sacramento por Cristo, para hacer realidad su designio de amor en la humanidad; y, es aquí, en este maravilloso espacio, donde los esposos crecen mutuamente y se perfeccionan en el amor, evocando la primera carta de San Pablo a los Corintios, cuyo mensaje se constituye en la base o la guía del cristiano. El Papa Francisco, en su exhortación apostólica, lo reafirma en el numeral (111).

Una noble y delicada misión nos ha encargado Cristo, y es que, si lo pensamos bien, no es una tarea fácil, las parejas vamos a enfrentar dificultades, porque en el matrimonio se entrelazan dos historias, cuyo pasado no es totalmente conocido, se unen dos formas de pensamiento, diversas creencias y maneras de ver la vida. Y en este camino constante de afrontar y superar dificultades, de aceptar limitaciones propias y del otro, y, de un ejercicio constante de la libertad y la voluntad, comprendemos que sólo desde el amor y la luz del evangelio podemos cumplir esta noble misión.

“El matrimonio no es un camino llano, sin problemas” dice el Papa Francisco, y añade que no sería humano si lo fuera, pero también sostiene que es “un viaje comprometido” que nos mueve a dar lo mejor, a ser generosos y caritativos con el otro, a callar cuando no contribuimos a construir y, sobre todo, a perdonar…  “El amor convive con la imperfección, la disculpa y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado” (113).

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y desde esa grandeza, nuestra vida en pareja sólo puede reflejar una entrega total, en donde no haya espacio para el egoísmo y el rencor, donde se reconozcan los errores y se pida perdón por ellos. Que podamos reconfortarnos en la tristeza y acompañarnos en la soledad, que tengamos la capacidad de sorprendernos mutuamente y trabajar diariamente en renovarnos y reinventarnos para el otro.

Para reflexionar:

  • En la convivencia cotidiana, con mi pareja u otros miembros de la familia: ¿me fijo más en las virtudes o en los defectos? 
  • Lo contrario al perdón es el rencor, el cual puede dañar el vínculo amoroso y la estabilidad familiar: ¿qué puedo hacer para que el rencor no crezca y se arraigue en mi corazón y en mi familia?
Autor: 

Ana Lucía Unda Costa / Equipo ILFAM.