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VITAMINAS PARA LA FAMILIA

Publicado por: 
ilfameditor

VITAMINA 1: Amor conyugal, amor de amistad   

(Cap. Cuarto: El amor en el matrimonio)

 Resumen:

Después del amor que nos une a Dios, el amor conyugal es la máxima amistad, una buena amistad que busca el bien del otro y busca reciprocidad en medio de la ternura.

89. “…Porque no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar. (…) 90. En el así llamado himno de la caridad escrito por San Pablo, vemos algunas características del amor verdadero:

«El amor es paciente,
es servicial;
el amor no tiene envidia,
no hace alarde,
no es arrogante,
no obra con dureza,
no busca su propio interés,
no se irrita,

no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Todo lo disculpa,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta» (1 Co. 13,4-7).

123. Después del amor que nos une a Dios, el amor conyugal es la -máxima amistad-. Es una unión que tiene todas las características de una buena amistad: búsqueda del bien del otro, reciprocidad, intimidad, ternura, estabilidad y una semejanza entre los amigos que se va construyendo con la vida compartida.

Hemos sido creados para ser felices y hacer felices a las personas que nos rodean y nuestro primer y principal lugar de acogida es aquel “nido familiar”, pues es el que nos cobija cuando nacemos, nos guía a lo largo del crecimiento y nos acompaña hasta el final de nuestra vida.

Los principales protagonistas de la familia son los esposos: hombre y mujer, diferentes y complementarios, quienes en base a una decisión, a un consentimiento y guiados por el vínculo del amor que ha crecido y se ha fortalecido poco a poco, han decidido unir sus vidas, han decidido vivir un “proyecto común”, con sabor a eternidad.

Nos dice el Papa Francisco en el punto 89 del documento que “la gracia del sacramento del matrimonio está destinada ante todo «a perfeccionar el amor de los cónyuges», pues esta es una buena noticia, no contamos solamente con nuestras fuerzas, que ya es bastante, sino también con la gracia, la fuerza que Dios nos da continuamente para amar cada vez más y de mejor forma, pues el verdadero amor es capaz de dar la vida.

Purifiquemos nuestro amor cotidiano saliendo de nuestro egoísmo, éste es el “cáncer” del amor, que no permite su crecimiento. El amor verdadero no es grosero, todo lo contrario, es paciente para aceptar al otro y escuchar su punto de vista, su forma de ver la vida, de hacer las cosas; aunque esté cansado mira la necesidad del otro y busca su bien; se alegra con sus logros y triunfos, como si fueran propios; es sencillo, mas no arrogante ni orgulloso; no se fija ciegamente en los defectos, pues tiene una mirada serena, tierna,  para buscar lo bueno que hay en la profundidad de la persona;  hace lo posible para ser verdadero y justo, aunque muchas veces le traiga dificultades; y trata siempre de creer, esperar y amar.

La amistad es un regalo de Dios que ilumina la vida, en donde cada uno es querido simplemente por ser quien es. Es una de las manifestaciones más puras del amor verdadero, cuyas cualidades acabamos de mencionar. Busquemos fortalecerla con nuestro cónyuge, con nuestro “prójimo (lat. Próximus-mas cercano)”, busquemos la nobleza del amor, experimentemos el gozo de querer y ser queridos y hacerlo desde el gran cariño que Dios nos tiene, como hijos.

Que nos entusiasmemos por convertir constantemente nuestro corazón en un hogar luminoso en el que todos encuentren un rincón (Cárdenas A., 2019), un lugar en el que el amor se fortalezca y de frutos abundantes.

Reflexionemos:

             ​¿Hemos concebido al amor conyugal-amor de esposos, como un amor de amistad?

              En la convivencia familiar ¿busco el bien del otro?

Autora:

Elizabeth Matute

DIRECTORA ILFAM.